Por qué el corazón del mundo se está deteniendo

Listen to this article

28/11/2025/Victor Gómez, El Crepuscular/

En el tiempo que tardas en leer este párrafo, alguien en el mundo habrá perdido la vida por una causa que, en la mayoría de los casos, era prevenible. No ha sido un virus nuevo, ni un accidente de tráfico, ni un conflicto armado. Ha sido su propio cuerpo, fallando en el motor más vital: el corazón.

Mientras los titulares globales suelen centrarse en crisis repentinas y pandemias virales, una «pandemia silenciosa» lleva dos décadas ocupando el trono de la mortalidad mundial: la Cardiopatía Isquémica.

Una cifra que no deja de crecer

Las estadísticas son frías, pero la realidad es devastadora. Según los últimos datos consolidados de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la cardiopatía isquémica es responsable del 16% del total de muertes en el planeta.

Para ponerlo en perspectiva: esta enfermedad mata a más personas anualmente (cerca de 9 millones) que el cáncer de pulmón, el VIH y los accidentes de tráfico combinados.

«Nos hemos acostumbrado a vivir con este riesgo como si fuera inevitable, pero es la crisis de salud más grande y persistente de nuestra era moderna», afirman cardiólogos expertos.

Anatomía de un colapso

¿Qué ocurre exactamente dentro de nosotros? La cardiopatía isquémica no es un evento repentino, sino el capítulo final de una historia larga. Es el resultado de la aterosclerosis.

Imagina una tubería de cocina que, tras años de verter grasa, comienza a reducir su diámetro. En nuestras arterias coronarias las encargadas de alimentar al propio corazón. Igualmente, ocurre algo similar. El colesterol, la grasa y otras sustancias forman una «placa».

El proceso es progresivo

Arteria Sana: El flujo es libre.

Formación de Placa: El espacio se reduce, el corazón debe trabajar más duro.

Trombosis: La placa se rompe, se forma un coágulo y el flujo se detiene por completo. El resultado es el infarto.

El precio de la vida moderna

Si la biología pone el mecanismo, nuestro estilo de vida aprieta el gatillo. Los expertos coinciden en que la cardiopatía isquémica es, en gran medida, una enfermedad de la civilización.

Vivimos en un entorno «obesogénico» y sedentario. Pasamos ocho horas sentados frente a pantallas, consumimos alimentos ultraprocesados ricos en sodio y grasas saturadas, y vivimos bajo niveles de estrés crónico que mantienen nuestra presión arterial por las nubes.

Lo alarmante es el cambio demográfico: hace 50 años, esto se consideraba una enfermedad de «países ricos» y ancianos. Hoy, está atacando a poblaciones más jóvenes y golpeando con fuerza a países de ingresos medios y bajos, donde los sistemas de salud no están preparados para tratar enfermedades crónicas a largo plazo.

El poder está en tus manos

A pesar del tono sombrío de las estadísticas, hay un rayo de esperanza que ningún médico se cansa de repetir: el 80% de los infartos prematuros son prevenibles.

No se requiere tecnología futurista para combatir a este asesino, sino un retorno a lo básico de ejercitación de 30 minutos de caminata al día pueden cambiar la estructura de tus arterias. Una dieta de una alimentación sana y nutritiva. Dejar de fumar es la medida individual más eficaz para recuperar la salud cardiovascular.

La cardiopatía isquémica seguirá siendo el mayor asesino del mundo mientras sigamos ignorando al corazón hasta que este decida detenerse. La pregunta no es qué está matando a más personas, sino qué estamos dispuestos a cambiar hoy para no ser parte de esa estadística mañana.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Translate »