31/01/2026/Victor Gomez, El Crepuscular/
En un mundo obsesionado con los suplementos hidrolizados y las cremas anti-edad de alto costo, un ingrediente tradicional está reclamando su trono en la nutrición moderna, la patita de pollo. Considerada por años un «descarte» en las cocinas urbanas, la ciencia alimentaria la posicionan como el tesoro oculto del colágeno natural.
A diferencia de las cápsulas procesadas, el colágeno extraído de las patas de pollo mediante cocción lenta ofrece una estructura de aminoácidos (glicina, prolina e hidroxiprolina) que el cuerpo humano absorbe con una eficiencia sorprendente.
«Estamos volviendo a la cocina de la abuela, pero con evidencia científica», comentan especialistas en nutrición funcional. «El caldo de patas de pollo no solo mejora la elasticidad de la piel, sino que es una herramienta clave para la recuperación de atletas y personas con desgaste articular».
Mientras que un frasco de colágeno premium puede superar los $40 USD, un kilo de patitas de pollo ofrece beneficios similares por una fracción mínima del precio. Su alto contenido de gelatina ayuda a reparar la mucosa del sistema digestivo, fortaleciendo el sistema inmunológico desde el core. La alta concentración de ácido hialurónico natural presente en el cartílago de la pata ayuda a retener la humedad en la dermis, combatiendo líneas de expresión de forma orgánica.
Restaurantes de alta gama y health coaches están integrando este ingrediente en caldos base, reducciones y salsas, rompiendo el estigma visual y enfocándose en su textura y densidad nutricional. La recomendación de los expertos es clara: una cocción mínima de 6 horas con un toque de ácido (limón o vinagre) para desmineralizar el hueso y maximizar el beneficio.
Este movimiento busca revalorizar alimentos tradicionales que han sido desplazados por la industria procesada, promoviendo una alimentación consciente, económica y altamente funcional.























































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