«La Casa de los Espíritus»: Tres décadas del fenómeno que llevó el realismo mágico de Isabel Allende a la cumbre de Hollywood

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01/02/2026/Victor Gomez, El Crepuscular/

En la historia de las adaptaciones literarias, pocos proyectos han generado tanta expectación y debate como «La Casa de los Espíritus» (The House of the Spirits). Hoy, la obra dirigida por Bille August se consolida no solo como una pieza clave de la cinematografía de los 90, sino como el testimonio de una era donde Hollywood se rindió ante la mística de la literatura latinoamericana.

El corazón de la cinta reside en la interpretación de la ganadora del Oscar, Meryl Streep. Su encarnación de Clara del Valle, la mujer que escribía en sus cuadernos de notas su vida para que no se le olvidaran las cosas, sigue siendo el estándar de oro para representar el realismo mágico en pantalla.

«Meryl no interpretó a un personaje con poderes; interpretó a una mujer cuya espiritualidad era su única defensa contra la brutalidad de su tiempo», señalan críticos contemporáneos. Su química en pantalla con Jeremy Irons (Esteban Trueba) y Glenn Close (Férula) creó un triángulo dramático que logró traspasar la barrera del idioma y la cultura.

La película no solo fue un éxito de taquilla internacional, sino que funcionó como el vehículo definitivo para que la obra de Isabel Allende alcanzara rincones del mundo, donde el español no era la lengua principal. A pesar de las controversias iniciales sobre la elección de un elenco mayoritariamente anglosajón, la cinta es hoy valorada por su valentía al abordar temas crudos.

El filme reunió a una constelación de estrellas en su mejor momento. Desde una joven Winona Ryder y un ascendente Antonio Banderas, hasta la intensidad actoral de Glenn Close. Juntos, dieron vida a una saga familiar que, aunque situada en un país sin nombre (claramente Chile), se convirtió en una historia universal sobre la memoria y el destino.

La Casa de los Espíritus de 1993, es una coproducción internacional basada en la novela homónima de 1982. Con una fotografía exquisita y una banda sonora inolvidable de Hans Zimmer, la película permanece como un recordatorio de que, a veces, los espíritus del pasado son los únicos que pueden guiarnos hacia el futuro.

 

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