20/02/2026/Victor Gomez, El Crepuscular/elpais/UNAM Globa/dicyt
Un consorcio internacional de biólogos moleculares y genetistas ha anunciado un avance sin precedentes en el campo de la medicina regenerativa. Por primera vez, se ha logrado identificar y «activar» secuencias genéticas específicas del ajolote mexicano (Ambystoma mexicanum) en cultivos de células madre humanas, logrando una regeneración de tejido muscular sin formación de cicatrices.
El estudio, publicado en la revista Nature Biotechnology, revela cómo el genoma gigante del ajolote contiene «interruptores» biológicos que, al ser replicados mediante tecnología CRISPR, permiten que las células humanas eviten la fibrosis (cicatrización) y comiencen un proceso de reconstrucción funcional.
A diferencia de los mamíferos, el ajolote posee la capacidad de desdiferenciar sus células, devolviéndolas a un estado embrionario para reconstruir extremidades, órganos e incluso partes del cerebro. La investigación actual se centró en el complejo proteico MARCKS, el cual regula la movilidad celular necesaria para la regeneración.
«No estamos simplemente curando una herida; estamos enseñando al cuerpo humano a recordar cómo construir de nuevo. El ajolote ha guardado este secreto por millones de años, y hoy estamos más cerca de aplicarlo en pacientes con quemaduras graves y lesiones de médula espinal», afirmó el Dr. Alejandro Ramírez, director del proyecto de Bioingeniería.
Los ensayos en modelos de laboratorio mostraron una recuperación del 15% del tejido miocárdico dañado tras simulacros de infarto. Se observó una aceleración del 40% en la reconexión de terminaciones nerviosas en tejidos periféricos tratados con extractos proteicos derivados del anfibio. El equipo de investigación subrayó que este avance médico depende directamente de la supervivencia de la especie en su hábitat natural en Xochimilco, actualmente en estado crítico de extinción.
Este hallazgo abre la puerta a una nueva era médica donde las amputaciones y los daños orgánicos permanentes podrían dejar de ser una sentencia definitiva. El siguiente paso del consorcio será iniciar la fase de ensayos clínicos controlados para el tratamiento de úlceras diabéticas crónicas a finales de 2026.























































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