02/03/2026/Lcdo. Victor Gomez, El Crepuscular/IRIB/ IRNA/EFE / Reuters
Tras la confirmación oficial del fallecimiento del Líder Supremo, el Ayatola Alí Jamenei, y la posterior muerte de su esposa, Mansoureh Khojasteh, el régimen iraní ha emitido un comunicado desafiante. A través del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, Teherán aseguró hoy que está preparado para una «guerra de décadas», apostando por la resiliencia de su sistema frente a lo que denomina la «fragilidad política» de Estados Unidos.
Altos funcionarios de la Guardia Revolucionaria (IRGC) señalaron que, aunque las operaciones «Epic Fury» y «Roaring Lion» han logrado daños estructurales, no han mermado la voluntad de combate del país.
Irán afirma que su estructura descentralizada y su «cultura de martirio» le permiten sostener un conflicto largo que la sociedad estadounidense, bajo la actual administración de Donald Trump, no podrá tolerar económicamente ni políticamente. El cierre del Estrecho de Ormuz y los ataques a refinerías regionales han sido presentados por Teherán como la primera fase de una asfixia económica global diseñada para durar años.
Mientras el humo aún se eleva en el distrito de Pasteur, el balance de víctimas sigue agravándose. Se ha confirmado el deceso de la esposa de Jamenei este lunes, tras no superar las heridas críticas sufridas en el bombardeo del 28 de febrero. La Media Luna Roja iraní estima que la cifra de muertos en todo el país asciende a 555 personas, incluyendo a gran parte del Estado Mayor y figuras clave como el Ministro de Defensa y el Jefe de la Guardia Revolucionaria.
Irán ha intensificado sus lanzamientos de misiles contra Israel y bases de la coalición en el Golfo, logrando impactar infraestructuras en Kuwait, Bahréin y los Emiratos Árabes Unidos.
Washington: «No es una operación de una noche»
Por su parte, el Pentágono ha respondido a las amenazas de una guerra larga. El general Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto, declaró hoy que la coalición está preparada para una campaña sostenida de «varias semanas» destinada a eliminar por completo la capacidad de represalia iraní y forzar un cambio de régimen definitivo.
Con un consejo de liderazgo interino tratando de estabilizar el frente interno, Irán se enfrenta a un doble desafío: las protestas civiles que han estallado en ciudades como Isfahan y Karaj celebrando la caída del líder, y la necesidad de mantener un frente unido ante la invasión tecnológica occidental.
El mercado global de crudo permanece en vilo, con precios que no se veían desde hace décadas, ante la posibilidad de que la amenaza iraní de una «guerra eterna» se convierta en una realidad sangrienta.






















































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