Lana Ponting denuncia haber sido víctima de experimentos secretos de la CIA en Canadá

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17/11/2025/Victor Gomez, El Crepuscular/la prensa gráfica/biobiochile/eldecano/laopinion

A sus 16 años, Lana Ponting fue internada en el Allan Memorial Institute de Montreal, Canadá, donde asegura haber sido sometida a experimentos de control mental vinculados al proyecto MK-Ultra, un programa ultrasecreto de la CIA durante la Guerra Fría. Hoy, más de seis décadas después, Ponting rompe el silencio y exige justicia.

Proyecto MK-Ultra: Iniciado en los años 50 por la CIA, buscaba desarrollar técnicas de manipulación psicológica y lavado de cerebro.

Métodos empleados: Drogas psicotrópicas, privación sensorial, hipnosis y técnicas de “reprogramación” mental.

Montreal como epicentro: El Allan Memorial Institute, dirigido por el psiquiatra Donald Ewen Cameron, fue uno de los principales centros de experimentación.

Ponting recuerda que fue enviada al hospital por orden judicial debido a “conducta desobediente”. Allí, según su relato, fue sometida a procedimientos que buscaban alterar su memoria y su comportamiento.

“No parecía un hospital, era un lugar extraño con olor medicinal”, relató en entrevistas recientes.

Su estancia duró un mes, pero las secuelas la acompañaron toda la vida. Hoy, con más de 80 años, se ha convertido en una de las voces más firmes en la lucha por el reconocimiento de las víctimas del MK-Ultra.

Demandas colectivas: Ponting y otros sobrevivientes han iniciado procesos legales contra el gobierno canadiense, reclamando reparación por los abusos sufridos.

Responsabilidad estatal: El caso reabre el debate sobre la complicidad de instituciones médicas y gubernamentales en experimentos que violaron derechos humanos fundamentales.

Memoria histórica: La denuncia busca evitar que episodios como MK-Ultra queden en el olvido y se repitan bajo nuevas formas de investigación encubierta.

Historiadores y especialistas en ética médica señalan que el caso de Lana Ponting es un ejemplo de cómo la ciencia, bajo presión política y militar, puede convertirse en un instrumento de abuso. La transparencia y la reparación son vistas como pasos indispensables para cerrar este capítulo oscuro.

La historia de Lana Ponting no solo revela las cicatrices personales de los experimentos de control mental, sino también la necesidad de que los Estados enfrenten su responsabilidad en la protección de los derechos humanos.

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