29/01/2026/Victor Gomez, El Crepuscular/mdzol/lega/fenix951
En un movimiento estratégico destinado a frenar el declive de su principal motor económico, la Asamblea Nacional ha aprobado una reforma integral a la Ley Orgánica de Hidrocarburos. Esta modificación representa el cambio más significativo en la industria petrolera venezolana en los últimos 20 años, al flexibilizar el control que el Estado ejerce sobre los proyectos de exploración y producción.
La nueva reforma busca eliminar las barreras que impedían la llegada de inversión extranjera masiva. La nueva ley permite que las empresas privadas (nacionales e internacionales) posean la mayoría accionaria en las empresas mixtas, una facultad que anteriormente estaba reservada exclusivamente a PDVSA. Se otorga a los socios privados la capacidad de gestionar directamente la operatividad de los campos, las contrataciones y la comercialización del crudo, reduciendo la burocracia estatal. Se establece un nuevo esquema de regalías y tributos más competitivo, diseñado para atraer capital en proyectos de crudos pesados y gas natural, sectores que requieren alta tecnología.
El gobierno de transición y las nuevas autoridades energéticas han señalado que esta reforma es «el único camino» para recuperar la infraestructura devastada. El plan apunta a duplicar la producción actual en un tiempo récord, buscando alcanzar la meta de los 2 millones de barriles diarios para finales de 2027.
Analistas de energía en Houston y Londres han recibido la noticia con cautela pero optimismo. «Venezuela está enviando la señal de que está lista para volver a ser un socio confiable», comentó un consultor de energía internacional. Sin embargo, advierten que la seguridad jurídica y la estabilidad política tras la reciente captura de Nicolás Maduro serán factores determinantes para que las grandes petroleras decidan invertir a largo plazo.
Esta apertura ocurre en un contexto donde Estados Unidos y China compiten por asegurar suministros energéticos estables. Al flexibilizar su ley, Venezuela no solo busca dinero, sino también recuperar su relevancia en la geopolítica mundial, alejándose del aislamiento económico de los últimos años.























































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